Valor de ley (True Grit, 2010)

16 Feb

Extraordinaria entrada de Migue para CalCuadrado.es. En el enlace también conecta Valor de Ley con Winter’s bone, de la ¿próxima star? Jennifer Lawrence

Título original: True grit / País: USA / Año: 2010 / Duración: 108 min. / Género: Drama, western / Dirección: Joel Coen y Ethan Coen / Interpretación: Jeff Bridges (Rooster Cogburn), Matt Damon (LaBoeuf), Josh Brolin (Tom Chaney), Barry Pepper (Lucky Ned), Hailee Steinfeld (Mattie Ross) / Guion: Joel Coen y Ethan Coen; basado en la novela de Charles Portis / Producción: Scott Rudin, Ethan Coen y Joel Coen / Producción ejecutiva: Steven Spielberg, Robert Graf, David Ellison, Paul Schwake y Megan Ellison / Música: Carter Burwell / Fotografía: Roger Deakins / Montaje: Roderick Jaynes / Diseño de producción: Jess Gonchor / Vestuario: Mary Zophres / Distribuidora: Paramount Pictures Spain / Estreno en España: 11 Febrero 2011

Sinopsis: El padre de la niña de catorce años Mattie Ross es asesinado de un disparo a sangre fría por el cobarde Tom Chaney, y ahora ella está dispuesta a hacer justicia. Buscando la ayuda del jefe de policía Rooster Cogburn, un borracho de gatillo fácil, se marcha con él —a pesar de su oposición— para atrapar a Chaney. La sangre vertida de su padre le hace perseguir al criminal hasta el territorio indio y encontrarle antes de que el ranger llamado LaBoeuf le atrape y le lleve de vuelta a Texas por haber asesinado a otro hombre.

Crítica

Cuando en una de las cimas de la filmografía coeniana (El hombre que nunca estuvo allí, 2001) un platillo volante hace aparición en medio de una historia de cine negro, la sensación inicial no parece conllevar ninguna justificación lógica narrativa pero, más que una marcianada de los autores de Minneapolis, más adelante se llegará a comprender que el punto de vista que intentan depurar no está tan lejos de la incomprensión inicial que podría traer consigo un recién llegado a la Tierra desde un planeta exterior. Seguramente, por alcanzar un reflejo casi absoluto de  este particular estilo autoral, su infravalorado penúltimo estreno: Un tipo serio, resulta ser una de las mejores (sino la mejor) película de los Coen de la última década y una de las que más inputs coenianos lleva en su alma interior.

Actualmente, con el remake de Valor de ley, los hermanos Coen vuelven a realizar un trabajo meritorio para estar en la alfombra roja de galardones hollywoodienses, aunque en primera instancia parece que hayan perdido con esta adaptación de la novela de Charles Portis parte de ese  intransferible punto de vista particular: tan cínico y fascinantemente cotidiano a ratos y surrealista en otros, que el espectador puede hallarse desubicado en su inicio.

Si al coger de nuevo el resultado global de su penúltimo trabajo (Un tipo serio) observamos las bonanzas que aporta su punto de vista marcadamente masculino, al entroncar con la melancolía, la vulnerabilidad de la apetencia sexual, la perdida de valores y la búsqueda de respuestas en lo intangible y lo mágico que campan a sus anchas en gran parte de la novela contemporánea actual y en los mejores momentos cinematográficos de la última filmografía coeniana. Con Valor de ley el punto de vista muta hacia el absorbente relato de iniciación narrado por una mujer que en 1928 recuerda como muchos años antes, a sus catorce años, se armó de auténticocoraje, recogió el cadàver de su padre y buscó ayuda para adentrarse en los vericuetos de la venganza.

Por tanto, ya no estamos hablando de ausencia de moralidad y valores sino de afianzamiento en el valor del ojo por ojo bíblico y del descubrimiento de la verdad vital por el camino que nos dirige a la madurez y el territorio sombrío del ser humano adulto. Mattie Ross (Hailee Steinfeld -actriz que posee una edad más apropiada para el papel que la veinteañera Kim Darby en la adaptación de 1969 por parte de Henry Hathaway-) se aferra a la presencia del tuerto vejestorio beodo Rooster Cogburn (un Jeff Bridges más doloroso, patético y sombrío en su interpretación que la realizada por aquella que le dio a John Wayne su primer, único y tardío Oscar) y a la del ranger tejano La Boeuf (un Matt Damon cuyo personaje aún multiplica más las desavenencias dentro de ese trío inefable que el encarnado en el original film por Glen Campbell) para hallar al asesino  de su padre.

De este modo, con todas estos conflictos de intereses y carácteres en disputa pero bajo un mismo objetivo, los Coen amplifican, en comparación a la película crepuscular y nostálgica de un género tan americano como el western que rodó Hathaway a finales de los sesenta, la desubicación de los personajes, así como aumentan la sombra de sus pesadas existencias, su languidez y lo cubren todo con el velo de un relato menos clásico en la exposición y descripción (los Coen no dilatan tanto y eliden muchos momentos: prefieren la sugestión a la explicación) y terminan mostrando, no sólo la muerte definitiva de los cánones clásicos del género al que no homenajean, sino su tratamiento en aras de un alcance sensitivo más acorde, esta vez sí (después de visionar el metraje en su totalidad y macerar el film interiormente) hacia sus matices característicos de su universo como autores: lírica onírica, fábula sombría, y tragedia salpimentada con ingenio negruzco.

La película habla de la muerte, de como asumirla y como superarla. Comienza delante de un ataud y termina delante de una tumba. Una adolescente acepta esa defunción, ese fín, y se responsabiliza de alcanzar el  inicio de la fase siguiente. Al igual que los Coen se alejan de la nostalgia lumínica, diurna, naturalista e impresionista de la adaptación de Hathaway; aceptan la muerte de los cánones clásicos de la edad de oro del western; admiten el óbito y se adjudican la necesidad de virar todo de negro, de leyenda oscura y con ínfulas menos reales y tangibles. Como una narración iniciàtica donde los momentos de extrañeza, raros y chocantes propios de los Coen (aunque con un humor más abstracto: más post-humor y nada de carcajada) abren el misterio dentro de un género tan claro y rotundo como el que en teoría manejan y tratan.

Además, si dentro del tratamiento marciano del western, el punto de vista de muchacha de catorce años de Mattie Ross le otorga un matiz evocador y fascinantemente aventurero tanto exterior como interiormente, el territorio de descubrimiento hacia los recovecos adultos de la vida y la muerte aporta al espectador el input de las bondades del subgénero juvenil. El western ha muerto como género y hay películas que nos muestran su cadáver a través de los ojos de nuevas generaciones: de cineastas, intérpretes, novelistas o personajes jóvenes. En el Valor de ley de los Coen, incluso existe un epílogo apesadumbrado del final del Oeste salvaje como espectáculo circense a lo Buffalo Bill.

NOTA: Valor de ley —– 8/10

De vuelta a TheBadJuice, deciros que siempre os recomendaré ir al cine a verla, pero si por si acaso tenéis agorafobia o alergia al aceite de las palomitas, os dejo el enlace a películasyonkis.com y ellos ya os enlazarán a dónde corresponda.

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Una respuesta to “Valor de ley (True Grit, 2010)”

  1. M.M. 16 febrero, 2011 a 10:15 #

    “pero si por si acaso tenéis agorafobia o alergia al aceite de las palomitas” JAJJAJAJAJA Qué grande!!!

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