Watchmen (Alan Moore y Dave Gibbons, 1986) (2/3)

2 Feb

Post original de Migue en CalCuadrado.es

Nietzsche, Einstein e Hiroshima

Individualismo frente a comunidad, posmodernismo y nihilismo compulsivo son líneas que atraviesan el relato. Una estructura compleja obligada a tejer el propio individualismo de sus protagonistas. No hay comunidad, no estamos hablando de una liga de la justicia superheroica sino de enmascarados que se apartan de la sociedad pero fundan su

propio grupo. Si en lo formal coexisten varias tramas paralelas dentro del relato, en el fondo se habla de la soledad del ser, del abandono de la utopía humana como faro que alumbra el porvenir, la ilusión y la esperanza. Ya no hay fe porlos valores tradicionales y cada personaje se siente cada vez más solo, pero convive dentro de una red donde tiene semejantes en la misma situación que se van entretejiendo en pro de una causa o de una consecuencia, según el afán justiciero o el resquemor por el abandono social.

La muerte se alza como catalizador de todo el relato, un asesinato inicia toda la trama principal y la eterna persecución por averiguar el misterio de la vida y la victoria humana sobre la muerte termina siendo el elemento que llega a unir a los protagonistas, el sino de todo superhéroe: la melancolía que otorga el don de la inmortalidad y la angustia que conlleva la mortalidad que en este caso también es la del propio héroe (sin poderes sobrenaturales).

Si antes decíamos que la aventura en Watchmen es más racional que emocional es debido a que fundamentalmente sus creadores beben de la filosofía nietzscheana: la necesidad de liberarse de aquello no percibido por los sentidos y aprender a sobrepasar los propios límites individuales sin supersticiones ante las religiones y la moral tradicional. Además de que ese viaje por la invalidez de lo suprasensible toma nota de la teoría cuántica, de Albert Einstein y del peligro inminente provocado por el propio hombre: una guerra nuclear que borre del mapa a la humanidad. Una segunda Hiroshima en pleno Nueva York.

Visionando el 11-S

La sociedad tiene miedo de un Apocalipsis latente en forma de armas nucleares y los Vigilantes se sienten amenazados por la serie de asesinatos que están eliminando al grupo. Por una parte están fuera de la comunidad, del grupo, de la sociedad, y están acostumbrados al anonimato y al individualismo, pero también sienten el mismo miedo que palpa la propia sociedad de la que huyen. Miedo a la muerte inminente, al exterminio global. Peligro de apocalipsis que borarría la vida del mapa manteniéndose paralelamente a la trama que provoca el extermínio particular de los propios Watchmen. Aunque en el fondo sea un círculo vicioso alimentado por unos y otros: la sociedad retira forzosamente a estos encapuchados (llega a odiarlos) y en su abandono personal la corrupción, los vicios y defectos de cada uno de ellos provoca su propio exterminio. Cuando tanto sociedad como justicieros se ven amenazados, sienten que se necesitan unos a otros, aunque posiblemente ya sea demasiado tarde.

Si por una parte, MooreGibbons toman referencias y pasajes reales de la Historia, el propio cómic será referente de la ciencia-ficción ciberpunk dónde los Wachowski y su Matrix tiene mucho que agradecer a la compleja mente creadora de Alan Moore y al tratamiento cinemático que Dave Gibbons le da a la viñeta. Si bien, lo más inquietante sería la postlectura que se puede sacar de una obra que parece adelantarse a los terribles acontecimientos que sacudieron el inicio del siglo XXI. El atentado sobre las Torres Gemelas parece estar resguardado en algún resquicio mental de la propia complejidad de la obra. Leída hoy día parece ser que el mensaje que alza sobre la manipulación de los mass media y el poder que tiene hoy día el marketing logra borrar las barreras de gobiernos y estados para que sus dirigentes puedan negociar abiertamente, pero también puedan jugar a la guerra. Moore, como buen ideólogo y practicante de la Magia del Caos, fuerza la razón del lector y provoca el esfuerzo por comprender cada una de las elipsis que se fuerzan en el relato así como la numerosa cantidad de información que se filtra en las tramas y que es complicado que se retengan con completa totalidad.

Se alcanza el tono asfixiante que va en aumento a medida que el tiempo de solución final se va agotando y el coloreado luminoso de John Higgins lo hace más inquietante si cabe. El relato fluye directo durante doce capítulos que van aumentando en condensación asfixiante de tramas. En ello cabe el pasado, el origen de los propio Watchmen y el carácter visionario de Jon/Dr. Manhattan, el único personaje con aura sobrenatural y al que se le puede otorgar auténtico perfil de superhéroe aunque pese sobre él la maldición de la vida eterna y el choque con los humanos.

Entradas anteriores:

Watchmen (Parte 1)

Watchmen (Parte 3)


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3 comentarios to “Watchmen (Alan Moore y Dave Gibbons, 1986) (2/3)”

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