Watchmen (Alan Moore y Dave Gibbons, 1986) (1/3)

26 Ene

Post original de Migue en CalCuadrado.es

Los británicos Alan MooreDave Gibbons sabían en 1986, o al menos algo interior les hacía pensar, que estaban manipulando un cómic que no tenía más límites que los que escritor y dibujante se iban a poner como cima. Era el momento cumbre en el que ambos pudieron dar rienda suelta a unas técnicas narrativas y un trasfondo que los podía dejar no sólo satisfechos, sino saciados o más bien con la posibilidad de vomitar hasta quedarse absolutamente vacíos de creatividad. Watchmen nació por entregas pero su consistencia original tenía tanta robustez como la dureza que terminaron dando las tapas que lo encuadernaron como una novela magna: un vendaval de posmodernismo emparentable a la solidez de El Quijote,FaustoMoby Dick por citar referentes literarios que han brillado por su monstruosa construcción. Pueden resultar siendo comentarios baratos pero también hay que reconocer, que la pretenciosidad de tal proyecto también deja sitio al guiño hacia el simple afán por la grata evasión del arte, rezumando sabor añejo y bien curado: La isla del tesoro, o la obra de Julio Verne por citar sólo alguno de sus elementos de collage interior.

Nos topamos ante la historia de un grupo de personas que atraviesan el recorrido vital, social, político y económico de la segunda mitad del siglo XX a través de justicia poética, y hasta corrupta, buscando la leyenda, la inmortalidad o la búsqueda de la eternidad del auténtico estado del bienestar, proponiendo al lector una historia de superhéroes dónde no existen los superhéroes (y si hay UNO: el Dr. Manhattan, su inocuo sentimiento lo hace distante), una aventura dónde hay más raciocinio que emoción y unas tramas que llevan a la tragedia más que al happy end.

La Historia alternativa

El mayor logro/acierto de Watchmen como obra es su capacidad de combatir el paso del tiempo aún a pesar de hablar de coyunturas sociales y políticas muy concretas. El final de la guerra fría, el miedo hacia la carrera nuclear, las potencias Este/Occidente enfrentadas que sustentaron gran parte de la literatura o el cine de los 70-80 parecen hoy día observaciones anecdóticas de un pasado que no cuadra con la coyuntura actual ni la que se presupone en un futuro. El mundo ha cambiado mucho desde entonces, pero Alan Moore logra alcanzar la atemporalidad sustentándose sobre previsiones en torno a esos temas ya pasados. Todavía hoy, dos décadas después, esos elementos dramáticos mantienen su fuerza gracias a una estructura tangencial que atraviesa toda la segunda mitad del siglo XX: atisbos en la trama de un proceso continuo y generacional que va acumulando datos de diversas épocas, incluso de otros siglos, y que conforma un todo que no llega a fijarse con demasiada fuerza en la guerra de las galaxias Nixoniana (y no Reaganiana) ampliando sus miras a lo largo de la historia contemporánea de la sociedad en la que se centra: un occidente creador de mitos que persigue la idea de agilizar la visión de un futuro que no se dejará manipular. Y es que sus autores, continuando con la norma no escrita de las mejores historietas gráficas, maman de la propia realidad para crear un mundo hérmetico que vive paralelo a nuestra memoria colectiva.

Lo mejor de todo es que este presente alternativo datado a mediados de los 80, dónde Richard Nixon todavía sigue en el poder y la Guerra del Vietnam tuvo otro final diferente al ocurrido realmente, es fruto de los acontecimientos acaerrados por la causa-efecto de los propios actos de sus protagonistas. La carrera nuclear de las dos potencias mundiales (EE.UU. y la U.R.S.S.) provoca que uno de los románticos encapuchados que viven para Vigilar al ciudadano tenga un accidente y se convierta en un ser con capacidades sobrenaturales. Será utilizado como arma contra la potencia enemiga y se ganará no sólo la contienda en suelo vietnamita sino que provocará daños colaterales que harán que Nixon se salve de ser quemado en la hoguera de los mass media por el affaire Watergate. De todas formas, MooreGibbons no tratan al Dr. Manhattan (antes el científico Jon Osterman) como a un superhéroe justiciero, sino más bien como un tratado en sí mismo sobre el superhombre nietzscheano con todo lo que puede provocar tal acercamiento al mundo del superhéroe de historieta gráfica.

Watchmen (Parte 1)

Watchmen (Parte 2)

 

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